2026-06-23 13:52:30 - MUNDO
Alemania y Colombia han desarrollado una estrecha relación multidimensional en materia política, económica y ecológica en los últimos cuatro años, basada en particular en el proceso de paz, una alianza en materia de clima y desarrollo, así como en la cooperación en el ámbito de la seguridad.
Desde junio de 2023, existe una alianza oficial en materia de clima y desarrollo que se centra en la expansión de las energías renovables, la protección de la biodiversidad y la eliminación gradual de los combustibles fósiles. Las múltiples iniciativas de cooperación se basan en la coincidencia de posturas sobre temas globales entre el Gobierno de Petro y los gobiernos de Alemania.
Sin embargo, los resultados electorales ponen en entredicho esta base común, ya que el ganador, Abelardo de la Espriella, desea cancelar muchas de las políticas de su antecesor, así como revisar sus políticas de seguridad, medio ambiente y elementos centrales del proceso de paz. Aunque Alemania es el principal socio comercial de Colombia dentro de la Unión Europea, hay preocupaciones de que esté en peligro la pérdida de un socio con el que deseaba desarrollar muchos programas en sectores centrales como la energía alternativa, la transición energética y la protección de la biodiversidad.
El programa de gobierno propuesto por De la Espriella se caracteriza por un radicalismo político y un impulso revisionista con respecto a la política del presidente Gustavo Petro. Durante la campaña electoral, el nuevo presidente insistió en borrar las decisiones de los cuatro años pasados y volver a colocar al país en el camino tradicional de una nación esencialmente conservadora.
Para la relación con Alemania, existen al menos tres ejes en los que podrían aparecer profundas divergencias con el nuevo gobierno colombiano, lo que podría afectar profundamente al nivel de intercambio y cooperación alcanzado hasta la fecha.
El actual Gobierno ha mantenido una sana distancia frente a Estados Unidos, pero con el presidente electo, esta postura cambiará hacia una asociación (y, en cierto modo, subordinación) con Washington, ya sea en el marco de la alianza llamada "Escudo de las Américas" para establecer normas conjuntas en la lucha contra el tráfico de drogas y el crimen organizado, o en materia de políticas migratorias, especialmente en lo referente a la deportación de migrantes de EE. UU. La búsqueda de autonomía en política exterior se suspenderá en favor de una alianza con Donald Trump, lo que supondrá dejar de lado a otros socios como Alemania.
El nuevo presidente también ha anunciado su intención de retirar a su país de las Naciones Unidas, justo cuando este estrena su condición de miembro no permanente del Consejo de Seguridad de este organismo. Detrás de este anuncio, se puede sospechar el interés de reducir la presencia de agencias independientes en el país, lo que implicaría también la suspensión del acompañamiento internacional del proceso de paz por parte de las NN.UU..
Esto último coincidiría con la intención del nuevo presidente de terminar con la Justicia Especial para la Paz (JEP). Para Alemania, este cambio de rumbo en la posición internacional de Colombia cambiaría una de las bases de la relación con Bogotá y afectaría, al mismo tiempo, a varias líneas de cooperación establecidas.
Las ideas del nuevo presidente en materia de seguridad se inspiran en las políticas carcelarias de Nayib Bukele: la construcción de nuevas megacárceles en el país y la suspensión de las diferentes negociaciones en marcha desde hace varios años con guerrillas, rearmados y criminales, en favor de un combate frontal contra los diferentes grupos violentos mediante bombardeos para lograr su sometimiento.
Lo mismo ocurre con las políticas de drogas, con el regreso a las fumigaciones de los cultivos de droga utilizadas en el pasado y la suspensión de los programas de cultivos alternativos. Es evidente que también el protagonismo internacional de Colombia para cambiar el régimen internacional de drogas estaría llegando a su fin, lo que reduciría uno de los ejes centrales del reconocimiento logrado por el presidente Petro. Más bien se puede esperar una estrategia masiva de las Fuerzas Armadas para combatir la inseguridad en el país, una promesa del nuevo presidente.
Con el Gobierno de Petro, Colombia ha asumido un papel pionero a nivel internacional en la transición prevista para abandonar los combustibles fósiles, lo cual se reafirmó recientemente en la Conferencia de Santa Marta, celebrada en abril de 2026.
Es muy probable que un gobierno del presidente Espriella no continúe esta orientación, sino que la abandone rápidamente en favor de una nueva bonanza en la explotación de los recursos minerales (carbón, petróleo, gas y oro).
Esto se debe en gran parte a la precaria situación fiscal y a la necesidad de generar ingresos para la hacienda pública. Los combustibles fósiles y los metales preciosos siguen siendo el motor económico fundamental de Colombia, por lo que su expansión puede considerarse el camino más fácil para generar mayores ingresos.
Esto agravará la tensión existente entre el beneficio económico, la grave destrucción medioambiental y los profundos conflictos sociales. Por ello, cabe temer que muchos programas nacionales e internacionales de transición energética, protección de la biodiversidad y energías renovables puedan terminar muy rápidamente debido al cambio de personal en los ministerios, que, de por sí, serán objeto de una reducción drástica del 40 por ciento del personal administrativo.
Además, carecen de bases legales permanentes, ya que el Gobierno de Petro no logró la aprobación de las leyes correspondientes durante su mandato. Los cambios que se esperan en este sector afectarán profundamente a muchas colaboraciones económicas, científicas y de cooperación intergubernamental, y dejarán en el aire iniciativas valiosas en un futuro inmediato.
No todo lo que haya dicho el nuevo presidente en sus discursos electorales se convertirá en realidad, pero es de temer que su radicalismo no terminará el 7 de agosto, cuando asuma sus funciones.
Los grupos que le apoyan (las élites tradicionales, los clanes políticos y los generales retirados) ejercerán una presión continua sobre la agenda política. La expectativa de que su vicepresidente, José Manuel Restrepo, con un perfil tecnocrático y amplia experiencia administrativa, será capaz de moderar muchas iniciativas, es una de las opciones que se visualizan. La otra consiste en la necesidad del Gobierno de priorizar acciones para no correr la misma suerte que el Gobierno de Petro, que "abarcó mucho y apretó poco".
Para Alemania, será fundamental diseñar un plan de diálogos estratégicos a nivel gubernamental para salvar la relación con un socio que, junto con Brasil, ha sido uno de los más importantes en los últimos años en la región.(ms)
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