2026-06-25 15:47:29 - MUNDO
Redacción Ciencia, 25 jun (EFE).- Mucho antes de la extinción masiva del Cretácico, las plantas con flores (angiospermas) ya habían desarrollado estrategias reproductivas, un hallazgo que contradice la idea de que estas plantas fueron actores secundarios en los bosques hasta la extinción de los dinosaurios, hace 66 millones de años.
Hasta ahora, la comunidad científica pensaba que las angiospermas conquistaron el planeta tras la desaparición de los dinosaurios, cuando la proliferación de mamíferos, roedores, primates y murciélagos propició de forma simbiótica la producción de frutos carnosos para su consumo y dispersión.
Sin embargo, el estudio, liderado por la Universidad de California en Berkeley, desafía esta idea y sostiene que en el Cretácico Tardío las plantas ya habían desarrollado estrategias reproductivas.
El equipo de paleobotánicos analizó una variada colección de semillas fósiles sepultadas bajo ceniza volcánica en Nuevo México, hace 74,6 millones de años -casi diez millones de años antes del impacto del catastrófico asteroide que acabó con los dinosaurios- y descubrió una diversidad morfológica y un tamaño de semillas sorprendentemente grandes para su época.
Esos fósiles, hallados en la Formación Jose Creek (Nuevo México), revelan que en esa época ya había bosques tropicales prósperos y maduros en los que los animales desempeñaban un papel crucial en la distribución de frutos carnosos.
"Nuestros resultados muestran que, en ambientes cálidos y húmedos bien anteriores a la extinción, las angiospermas ya invertían grandes recursos en diásporas individuales y formaban densos bosques", asegura Jaemin Lee, autor principal y estudiante de doctorado en UC Berkeley.
El misterio del tamaño de las semillas
Las plantas con flores surgieron hace unos 135 millones de años como hierbas pequeñas y discretas cuyas semillas se dispersaban por el viento pero, aunque se sabía que hacia el final de la era de los dinosaurios habían diversificado sus hojas y flores, se creía que sus métodos de reproducción no se desarrollaron hasta el Paleógeno, después de la extinción de los dinosaurios.
Pero el yacimiento de Nuevo México echa por tierra esta teoría. El estudio descubrió casi 80 tipos de diásporas y una sorprendente abundancia de frutos carnosos, muchos de ellos de gran tamaño y abundante tejido blando, y demostró que las interacciones entre plantas con flores y animales dispersores ya eran un componente importante de los ecosistemas del Cretácico tardío.
"Que los animales comieran grandes diásporas carnosas no es una sorpresa, ya que los ginkgos las producían desde hacía mucho tiempo, lo sorprendente es ver que hace 75 millones de años ya se estaban alimentando de los frutos de las angiospermas, algo que se creía inexistente en esa época", asegura Cindy Looy, investigadora en Berkeley y coautora del trabajo.
Los investigadores describen el lugar como un bosque denso con grandes troncos, como palmeras y parientes del laurel, que crecían junto a helechos y secuoyas, y donde las semillas tenían el tamaño de un arándano grande.
El Pompeya de las plantas
La clave del descubrimiento radica en las condiciones de conservación del yacimiento, conocido como la "toba de Dori", un depósito de ceniza solidificada de 1,2 kilómetros de extensión dentro de la Formación Jose Creek.
En ese lugar la ceniza cayó en durante varios días formando una instantánea temporal, "un Pompeya botánico donde la lluvia volcánica preservó todo en su posición original, desde la cobertura vegetal del suelo hasta las hojas y frutos caídos del dosel", explica Looy.
La investigación abre una nueva ventana hacia la ecología evolutiva del 90% de las plantas terrestres actuales y aunque los científicos aún desconocen los desencadenantes exactos de este aumento de tamaño, queda demostrado que la reestructuración botánica global comenzó mucho antes del impacto del famoso asteroide.
(c) Agencia EFE
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