2026-06-13 10:07:42 - MUNDO
CHILPANCINGO, Gro., junio 13 (EL UNIVERSAL).- Son las 7 de la noche del miércoles. Fuera de la estación Registro Federal del tren ligero, en la Calzada de Tlalpan, en la Ciudad de México, van llegando las primeras madres buscadoras con los rostros de sus hijos e hijas impresos en lonas.
En el contingente, que no pudo llegar al estadio porque policías se los impidieron, está Socorro Gil Guzmán, madre de Jhonatan Guadalupe Romero Gil.
Socorro Gil llegó a la ciudad después de superar varias peripecias. Hizo más de nueve horas de camino de Acapulco a la Ciudad de México. La mañana del miércoles se montó en una Urvan que pagó con el dinero que recaudó junto con sus compañeras de la colectiva Memoria, Verdad y Justicia de Acapulco.
Ahí iba la señora Olga Lidia Mendoza Chávez, que desde hace 15 años no para de buscar a su hijo Rafael Reyna Mendoza; Xóchitl Osmayda Leal Saligán que busca su hijo Edgar Yair Leal Saligán; Brenda Huerta Albarrán que a donde sea va para exigir la presentación de su hijo Eduardo Enrique López Huerta y Liliana Carrera Castro que quiere de vuelta a su hermano Saúl. También las acompañó Dario Rojas Rivas, que lucha porque su madre, la doctora Adela Rivas Orbé, tenga justicia.
La madre de Jhonatan llegó a la Ciudad de México por la misma razón que todas las demás: para gritar al mundo —que estaba atento a la inauguración del Mundial— que en México se vive una crisis humanitaria por tantas desapariciones.
Socorro Gil dice que estuvo en la Ciudad de México para que sepan que la desaparición en el país no es un crimen aislado sino algo sistemático. Para gritarle al mundo que en México muchas de las desapariciones las comete un militar o un policía, como en el caso de Jhonatan que la tarde del 5 de diciembre de 2018 policías municipales de Acapulco lo detuvieron.
"Vine a levantar la voz, este gobierno está negando las desapariciones. No nos quiere escuchar. Por segunda ocasión rasura las cifras oficiales. No quiere aceptar que hay desapariciones forzadas cuando la prueba es mi hijo que fue desaparecido por policías municipales".
El Mundial, y particularmente el fútbol, es algo complicado para Socorro Gil. Para Jhonatan este deporte es su pasión.
"Desde que estaba en mi panza yo le decía que iba a ser futbolista porque me daba muchas patadas. Desde muy pequeño, desde que nació yo creo que siempre le gustaron los balones. Cuando tenía 11 años tuvo un accidente, tuvo fractura de cráneo y tenía prohibido jugar con balones, le escondí todas las pelotas y un día lo dejé con sus hermanas en su cama porque estaba en reposo, duró en reposo casi dos meses. Cuando regresé lo encontré en su cama y estaba lleno de pelotas, hizo pelotas de periódico", contó.
Este 2026 pudo haber sido un gran año para Jhonatan: su equipo, Cruz Azul, salió campeón y ver jugar a la selección le gustaba mucho.
La mañana del jueves, Socorro Gil y todas las demás integrantes de la colectiva estuvieron en el centro de la Ciudad de México. En medio de la fiesta mundialista, las madres buscadoras gritaron sus consignas.
"¡México es campeón en desaparición!", se escuchó en la calle 20 de Noviembre que desemboca directamente al zócalo.
La fiesta no se interrumpió, apenas algunos las voltearon a ver, recuerda. Nadie intentó callarlas, pero tampoco nadie se unió a una de las demandas más sentidas que tiene este país: 133 mil personas desaparecidas.
El grupo de madres buscadoras se fue abriendo paso entre la euforia por la inauguración del Mundial. Tomaron una esquina y no permitieron que la desaparición de su hijo, hija, madre, padre, hermano, hermana, esposo, esposa pasara desapercibida la mañana del jueves.
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