El terremoto que Venezuela esperaba, pero no pudo monitorear

2026-06-26 16:43:30 - MUNDO


"Uno de los eventos sísmicos más importantes que ha vivido Venezuela desde la llegada de los españoles". Con esas palabras, Francisco Garcés, expresidente de la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis), resume la magnitud de los dos terremotos que sacudieron el país el miércoles 24 de junio de 2026, en una comparación que abarca más de cinco siglos.

Dos sismos de magnitud 7,2 y 7,5, separados por apenas 40 segundos, sacudieron Venezuela. Las labores de rescate continúan en las zonas más afectadas, mientras las autoridades siguen evaluando el alcance de los daños. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) estima que hasta 6,76 millones de personas podrían haberse visto afectadas por la catástrofe.

Según Garcés, "no es normal sufrir dos sismos seguidos de estas magnitudes. Esto es algo extraordinario en cualquier parte del mundo". A su juicio, el terremoto se convertirá en "uno de los eventos más importantes ocurridos en América Latina en esta década".

Desde Mérida, Raúl Estévez, geofísico, fundador de la Red Sismológica de los Andes Venezolanos y uno de los impulsores de la gestión del riesgo sísmico en Venezuela, sostiene, en entrevista con Deutsche Welle, que la magnitud del desastre no significa que haya sido una sorpresa.

"La ocurrencia de estos sismos no es totalmente inesperada", señala. Según el geofísico, Venezuela está atravesada por un sistema de fallas tectónicas producto de la interacción entre las placas del Caribe y Sudamérica. "En esos puntos de contacto, el movimiento no es continuo, sino que se acumulan esfuerzos tectónicos, hasta que la roca ya no aguanta y se produce un salto". Esas rupturas son las que generan los grandes terremotos.

Estévez asegura que, desde hace tiempo, los especialistas observaban una "brecha sísmica" en el occidente del país, un segmento de falla donde no se había producido un gran terremoto durante mucho tiempo. "Se esperaba que el próximo sismo grande ocurriera en el occidente de Venezuela y que fuera de magnitud 7 o más", afirma. "Eso lo sabíamos".

Sin embargo, sostiene que el país llegó a este terremoto con una capacidad científica muy deteriorada.

A su juicio, la actividad en este campo dejó de ser una prioridad para el país. "La política pasó por encima y desatendió todas las instituciones que hacíamos sismología", asegura. Recuerda que la red sismológica venezolana llegó a contar con unas 300 estaciones distribuidas por todo el país. "Ahorita funcionan menos de diez". En el occidente de Venezuela, añade, existía una red de 25 estaciones. "Hoy no tenemos ninguna".

Ese escenario afecta la capacidad del país para monitorear la actividad sísmica. "Tenemos que recurrir a instituciones del exterior, como el Servicio Geológico de Estados Unidos", indica. Como buena parte del monitoreo se realiza desde estaciones ubicadas fuera de Venezuela, la información sobre la actividad sísmica solo puede inferirse, explica Estévez.

Aunque hoy no existe un método para predecir terremotos, los especialistas sí estudian fenómenos que pueden anteceder a un gran movimiento telúrico. "Existen muchos precursores sísmicos. Uno de ellos es la actividad sísmica regional anterior", precisa. "Cuando varios de esos precursores se presentan al mismo tiempo, pueden emitirse alertas". "Eso no se puede medir porque no tenemos la red". En este caso, agrega, "no hubo ningún tipo de alerta".

El problema, indica, va más allá de la falta de la infraestructura. "Las generaciones de relevo de sismólogos tuvieron que irse del país. No porque quisieran, sino porque simplemente no había recursos para sobrevivir". A sus 84 años, jubilado desde hace tiempo, él mismo volvió a dar clases en la Universidad de los Andes por la falta de profesores.

El progresivo abandono del campo le genera "impotencia" y "frustración", admite Estevez. "Uno les insiste y no hay respuesta", lamenta, en alusión a los gobiernos que, según afirma, durante años desatendieron la investigación sismológica.

Las lecciones que dejará este terremoto todavía no están claras. Para Garcés, es demasiado pronto para determinar qué enseñanzas concretas dejará el sismo, aunque sostiene que cada terremoto permite aprender y mejorar los códigos y las prácticas de la ingeniería. "Los errores se pagan caro", reconoce.

Los especialistas coinciden en que las réplicas podrían prolongarse durante al menos dos semanas. Estévez cree, además, que la verdadera dimensión de la tragedia aún no termina de conocerse. "Yo creo que los daños van a ser mucho mayores de lo que percibimos en este momento", afirma.

(ms)

Fuente: dw.com


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