2026-06-26 16:43:30 - MUNDO
A Tamoa Calzadilla le acababa de morir una tía justo antes de los sismos. "La noticia de los terremotos me agarra en medio de la tragedia familiar que significa estar en el exilio y que un familiar muy cercano, a quien no pudiste ver en estos 12 años, muera en Venezuela", cuenta a DW la periodista de investigación venezolana.
A la casa de su madre, que acababa de perder a una hermana y cuida a su abuela de 96 años en un piso ocho de Caracas, se habían acercado sus familiares a darle el pésame. Tras la foto de esa reunión familiar, supo de los terremotos y después hubo un apagón de varias horas en las comunicaciones.
Mientras los edificios colapsaban en Caracas, su madre y su abuela sobrevivían. Pero "familiares, amigos y otros venezolanos en general siguen buscando personas. Otros se acaban de enterar de que las personas que buscaban no sobrevivieron, esperando que estas cifras solo aumenten, y aumenten el dolor de los que estamos dentro y fuera del país", prevé.
"Esto pasa en medio de un bloqueo informativo de los medios de comunicación independiente, de un sistema de medios que no permite a la gente informarse en tiempo real, ni con un periodismo serio". La incertidumbre "ha sido terrible. La gente está dependiendo de videos de TikTok, de redes sociales, de información que no es exacta". Y en un país que "está viviendo una transición, con un Gobierno que no tiene recursos para atender a la población".
Tamoa Calzadilla sabe demasiado bien de qué habla. Su profesión le ha dado grandes satisfacciones y, también, disgustos mayores. Lideró equipos de investigación bajo un régimen cada vez más represivo en Venezuela. El de Últimas Noticias, por ejemplo, el "diario del pueblo", "el más popular, el que llegaba a más gente"; el que demostró que al estudiante Bassil Da Costa, asesinado durante protestas antigubernamentales en 2014, le dispararon "escoltas y policías vinculados al Gobierno"; el que liberó así de cargos fabricados al opositor Leopoldo López.
A ese puesto renunció con una carta abierta que describe en diez puntos cómo opera la censura a los medios venezolanos, entonces ya cada vez más bajo control gubernamental. Se unió al medio digital independiente runrunes. Pero la represión la alcanzó a través de su esposo: un fotoperiodista al que apresan, confiscan su equipamiento y amenazan con investigar por espionaje. Y de sus hijos: dos niños que descubren que de su casa ha "desaparecido" la computadora. Ahí decidieron "autoexiliarse", recordando las reglas de Kapuscinski, un maestro del oficio: "ponerse a salvo, estar libre y estar vivo".
En EE. UU., continuó su labor como directora de elDetector de Univision, la primera plataforma de verificación de datos en español en ese país. Fue editora jefa de Factchequeado, una ONG también pionera en verificación y alfabetización mediática colaborativa. Y es cofundadora de Acento Story Tank, un colectivo bilingüe de consultores y creadores de narrativas para comunidades hispanohablantes. Con una beca de periodismo en la Universidad de Stanford, se dedicó a estudiar "qué tipo de narrativas desinforman a los latinos" y a "entender la diversidad latina en Estados Unidos".
"¿Cómo podemos abordar la narrativa de Donald Trump de que los inmigrantes somos criminales? No solamente con datos... Empezamos a entender que por ahí no es. La gente necesita historias". Las historias que se cuentan, por ejemplo, en palabra, el medio de la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos (NAHJ) en EE. UU., del que hoy es directora.
"Los 4.000 miembros pueden lanzarme propuestas de temas que quieren cubrir en sus localidades con impacto nacional. Cubrimos temas de inmigración, pero también de música, cultura y salud. Historias que impactan a los latinos y que ese periodista cree que deben ser contadas", explica a DW, tras compartir su experiencia en el Global Media Forum de DW, en Bonn.
"Siempre bromeo con que tenemos que aprovechar el momento Bad Bunny. Este orgullo que siente la gente de ser latina, de hablar español. Aunque muchos latinos no hablan español. Pero hay una cosa de que me conecto con cómo hablan mis abuelos o mi mamá, con la comida, con la música. Y esto soy yo, y quiero contar mi historia y no estoy pidiendo permiso". Por eso, palabra, como otros proyectos de Tamoa Calzadilla en EE. UU., son bilingües, porque la diversidad lingüística es parte de la diversidad latina en EE. UU.
Ser periodista, tener como herramienta fundamental la lengua ―otra lengua―, fue un desafío. "Cuesta trabajo, incluso psicológico, no solo con un teacher, salirte de ahí y decir: lo que tengo que comunicar y la manera como me comunico y el acento que tengo, que es un acentazo, es parte de lo que soy", cuenta hoy, intercalando palabras en inglés.
El reto lingüístico ha estado acompañado de nuevos desafíos tecnológicos y políticos. Por un lado, está una industria que cambia muy rápidamente, impactada por el paso al entorno digital, el empuje de las plataformas de redes sociales o la inteligencia artificial.
"Pero también en EE. UU., particularmente con el segundo Gobierno de Trump, estamos viendo ataques constantes a los medios y a los periodistas. A mí se me parece mucho a lo que vivíamos al principio de Hugo Chávez. Es por eso que tengo ciertos miedos, se revelan mis traumas. No quiero decir que esto es lo que va a pasar en EE. UU. No tengo elementos ni soy quien para decir qué va a pasar. Pero lo que sí puedo decir es cómo me impacta a mí y cómo lo veo", aclara.
"Me dan mucho miedo cosas que se me parecen. La manera como el poder se está relacionando con los medios, como está interfiriendo esta administración y la narrativa presidencial, incluso cambiando, diciendo que quiten o pongan a cierto periodista, presentador o programa, celebrando cuando se censura a alguien, pidiendo que censuren algo. Todas estas cosas me asustan mucho, porque yo vengo de un país que perdió su democracia y no fue de la noche a la mañana".
Al mismo tiempo, como "optimista impenitente", cree que "la buena noticia es que la gente sigue confiando en personas. Y los periodistas somos personas, los influencers somos personas. Lo que tenemos es que ser inteligentes, entender, escuchar y reorganizarnos", dice. Por eso, pone sus esperanzas en medios como el que dirige, en el periodismo local.
Mientras, Venezuela, hoy golpeada por dos mortales terremotos, ya había sido sacudida antes por la caída de Nicolás Maduro, forzada por EE. UU. en enero pasado. "Estamos en un momento raro de cambios que pasan más lento de lo que quisiéramos. No puedes decir que la dictadura se acabó, porque hay que recordar que en realidad la oposición ganó unas elecciones de manera abrumadora en julio de 2024, y se demostró claramente que ellos se las robaron".
Calzadilla apunta que la voluntad popular no ha sido restablecida y que lo que se negocia tras bambalinas entre "el delcinato" y Washington parece opaco. Y los hechos, inconclusos: hay presos políticos liberados, "pero quedan otros que tienen años en prisión, incluso por mandato de Chávez. Todavía hay otra gente que tiene medidas. Todavía el periodismo no es libre. Todavía esos medios están cooptados por la dictadura para ser órganos de propaganda". Y muchos periodistas que resultaron incómodos al poder están en el exilio: "Esperamos que puedan volver, pero todavía no estamos tan seguros de que sea un momento para volver", resume.
Su esperanza: "Que más pronto que tarde podamos estar celebrando elecciones y que la voluntad popular se imponga". Después, advierte, tocará reconstruir los poderes públicos (el sistema penitenciario, el sistema judicial): "Que la gente sienta que hay Estado de Derecho, que no haya impunidad". Y, además, abordar en reto de la inseguridad: "En Venezuela, además de una dictadura, teníamos una inseguridad enorme, bandas criminales. El tren de Aragua es una realidad, una organización criminal que nació en las cárceles venezolanas y se ha expandido de manera muy rápida".
Una de sus principales preocupaciones, además de reactivar la economía o la educación, "es cómo va a hacer un nuevo Gobierno de reconstrucción para lidiar con la cantidad de armas ilegales que están en la calle",reconoce. "Yo creo que va a pasar un rato, para que Venezuela vuelva a ser un país en el que puedes desarrollarte, pero ―otra vez― soy optimista, y espero que sea más pronto que tarde".
(ms)
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